Madre e hijo.


Pensamientos de primavera.


Te llevaré como la caracola
lleva el rumor del mar entre sus dedos,
laberinto de viento y de sonaja,
ruido de selva, escándalo de olvido.
Te llevaré como la estela
de los barcos, perfume de eucalipto,
incienso de jardin, brasa de espuma
que purifica el fuego, escapulario
contra las rocas de los malos sueños.

(Joaquín Benito de Lucas)


La sonrisa de Alvaro.


Tu risa me hace libre, me pone alas.
Soledades me quita, cárcel me arranca.
Boca que vuela, corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada más victoriosa.
Vencedor de las flores y las alondras.
Rival del sol. Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

(Miguel Hernández)


Un mar de nudos, puerto de La Coruña.



Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre el mar.

(Antonio Machado)


Un paseo por Aranjuez.


Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando;
y se quedará mi huerto con su verde árbol,
y con su pozo blanco.
Todas las tardes el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.
Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón de aquel mi huerto florido y encalado,
mi espiritu errará, nostalgico.
Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido...
Y se quedrán los pájaros cantando.

(Juan Ramón Jiménez)

San Lorenzo del Escorial.


Parque en Valencia.


Despues de la tormenta.


Para que tú me oigas
mis palabras
se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas.
Collar, cascabel ebrio
para tus manos suaves como las uvas.
Y las miro lejanas mis palabras.
Más que mías son tuyas.
Van trepando en mi viejo dolor como las yedras

(Pablo Neruda)


Castillo de Manzanares el Real


Escultura "La madre del emigrante", Gijón.


Senda de Schmidt, Navacerrada.



Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

(Antonio Machado)

Puerto de Santurce, Vizcaya.


Puente colgante, Portugalete.


Plumaje estacional.


Esparce octubre, al blando movimiento
del sur, las hojas áureas y las rojas
y, en la caída clara de sus hojas,
se lleva al infinito el pensamiento.

(Juan Ramón Jiménez)

Retrato de Elvira.


Retrato de Cristian


Parque Rosalia, Lugo.


Palloza, O Cebreiro


La Guardia, Pontevedra.


Árbol duro y altivo, que gustas
de escuchar el rumor del Océano
y gemir con la brisa marina
de la playa en el blanco desierto,
¡yo te amo!, y mi vista reposa
con placer en los tibios reflejos
que tu copa gallarda iluminan
cuando audaz se destaca en el cielo,
despidiendo la luz que agoniza,
saludando la estrella del véspero.

Pero tú, sacra encina del celta,
y tú, roble de ramas añosas,
sois más bellos con vuestro follaje
que si mayo las cumbres festona
salpicadas de fresco rocío
donde quiebra sus rayos la aurora,
y convierte los sotos profundos
en mansión de gloria.

(Rosalía de Castro)

Pareja de ardillas, Fuerteventura.



Ayer soñé que veía
a Dios y que a Dios hablaba;
y soñé que Dios me oía...
Después soñé que soñaba.

(Antonio Machado)

Playa del Cotillo, Fuerteventura.